A propósito del turismo cultural

Columnistas, Opinión

Con el cambio de paradigmas culturales que revisamos en esta columna semana a semana, también la dialéctica se aplica al turismo, esta actividad económica fundamental en la producción individual, familiar y social, veamos dos tópicos que comparto con ustedes lectores atentos.

En primer lugar, la actividad productiva es una relación objetiva entre el ser humano y sus medios de producción sin embargo no se circunscribe netamente a una acción mecánica sin desgaste, todo lo contrario, la crisis del racionalismo a fines de siglo pasado permitió la liberación de la sensibilidad como elemento productivo, es decir que el trabajo implique tiempo y espacio de esparcimiento, placer y diversión.

El reto de la productividad individual y colectiva radica en generar entornos horizontales en donde la cadena de valor posibilite la realización humana de trabajadores estimulando el máximo de concentración y logro de objetivos, el turismo entonces es una actividad económica que no deja ser parte del tiempo de producción solo que se manifiesta en otras actividades, cumple el papel complementario social.

En otro aspecto el paradigma del turismo en el siglo pasado era el turismo de placer y diversión, desarrollado desde los años veinte, en un mundo dominado por la cultura racionalista en donde el poder era objetivo de vida esta práctica trajo consecuencias negativas. El turismo nocturno de placer, generó enormes problemas ambientales, degenerativas en los propios turistas, distorsión de la relación social proclive al engaño como también del folclor de la localidad que recibía el turismo, acompañado de contaminación de playas, ríos, zonas urbanas en donde se encontraban estos corredores conjuntamente con un vacío y poca satisfacción en la resaca de las y los turistas a un alto costo económico y operativo, poniendo en crisis al sector para fines del siglo XX.

El cambio de paradigma ha permitido nacer otro tipo de turista, el que busca hacer deporte, tener actividad comunitaria, movilizarse por un objetivo de convenciones, capacitaciones, salud, naturaleza y cultura.

Así entonces nace el turismo cultural, en medio de la desaparición del racionalismo del siglo XX, su característica es la motivación desde el demandante, es decir desde el turista que tiene una decisión y voluntad por movilizarse de su lugar de residencia a otro lugar para conocer su cultura, su entorno idiomático, arquitectura, gastronomía, historia. (O)

fapava17@gmail.com

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