El Blackface en Ambato

El «blackface», es una práctica que se originó en el siglo XIX en Estados Unidos, sigue generando polémica en la actualidad debido a sus profundas raíces racistas. Este fenómeno, que consiste en que personas no racializadas se pinten el rostro de negro para imitar a personas afrodescendientes, ha sido históricamente utilizado para ridiculizar y estereotipar a la comunidad negra. Aunque algunos intentan justificarlo como una forma de entretenimiento o tradición, su impacto sigue siendo ofensivo y denigrante. En nuestro medio lo han hecho muchos como: David Reinoso, Efraín Ruales +, Fernando Villarroel y últimamente, el pasado martes en el partido de futbol Ecuador vs Chile, un programa digital (Sagrado Project de Ambato), expuso en sus plataformas digitales una serie de videos perpetuando actos racistas como el blackface, pintándose la cara de negro caracterizando de manera burlesca al jugador Enner Valencia.
El blackface nació en los teatros estadounidenses a través de los minstrel shows, espectáculos donde actores blancos caricaturizaban a los afroamericanos con exageraciones burlescas de su lenguaje, comportamiento y apariencia. Estas representaciones fomentaban estereotipos deshumanizantes, como el de la persona negra perezosa, ignorante y propensa al crimen. De esta manera, la práctica contribuyó a perpetuar prejuicios raciales y a justificar la discriminación sistemática. A pesar de que han pasado más de dos siglos desde su origen, el blackface no ha desaparecido por completo. Hemos visto casos de disfraces y representaciones que recurren al blackface bajo el pretexto de la comedia o la caracterización artística. Sin embargo, la indignación y las críticas han aumentado, evidenciando un cambio de conciencia social.
El problema con el blackface no es simplemente que una persona blanca o mestiza se pinte la cara de negro, sino la carga histórica y el daño que conlleva. La comunidad afrodescendiente ha sido víctima de siglos de esclavitud, segregación y violencia racial. En este contexto, la práctica del blackface es una herida abierta que recuerda un pasado de opresión y exclusión. Minimizar sus efectos o considerarlo inofensivo ignora el dolor que causa a muchas personas.
Hoy en día, con una sociedad más consciente sobre la importancia de la equidad racial, el rechazo al blackface es una muestra de respeto y compromiso con la lucha contra el racismo. La educación juega un papel fundamental en este proceso, pues permite comprender la historia detrás de esta práctica y sus consecuencias en la percepción de las comunidades racializadas. Erradicar el blackface no significa censurar el arte o el humor, sino fomentar una representación justa y digna de todas las personas. Es momento de avanzar hacia una sociedad en la que el respeto y la igualdad sean los valores fundamentales, dejando en el pasado prácticas racistas que solo perpetúan el dolor y la discriminación. Estamos a la expectativa que el METAFE (Modelo Etnoeducativo Afroecuatoriano) a través del MINEDUC y la SEIBE, promuevan prácticas libres y saludables para erradicar la discriminación racial, implantando en todo el Sistema Nacional de Educación. (O)