El miedo

Columnistas, Opinión

Cuando entendí que lo opuesto al amor no es el odio sino el miedo, me di cuenta del enorme poder de este sentimiento. Pero, entendí también que esto no es lo más difícil, sino el hecho de que por más minúsculo e insignificante sentimiento de angustia que tengamos, el miedo que se esconde detrás pasa totalmente desapercibido.

Al miedo solemos asociarlo como sinónimo específico y literal de espanto o susto, es por eso que crecimos desconociéndolo y/o camuflándolo con infinidad de nombres tales como ira, depresión, venganza, traición, rencor, odio, envidia, culpa, etc., pero si se fija, todos estos adjetivos nacen de la “angustia -evidente o no- por un riesgo o daño real o imaginario” (Diccionario de la RALE), o sea, nacen del amplio y claro significado del miedo. Y es que todas y cada una de esas emociones negativas no son más que una derivación del miedo como sentimiento raíz.

Veámoslo de la siguiente manera: todas aquellas personas que de forma directa o indirecta, consciente o inconsciente, por voluntad propia o presionados actúan con el más mínimo atisbo de angustia lo hacen impulsadas única y exclusivamente por el miedo: miedo a perder ya sea (lo ganado, el poder, la libertad, el respeto, su sustento), miedo al qué dirán, miedo a carecer de argumentos, miedo a ser heridos, miedo a salir de su zona de confort, miedo a ser controlados, miedo a la deslealtad, miedo a no tener la razón, miedo a fracasar, miedo a no ser reconocidos, miedo al cambio, miedo a sentirse humillados, etc., etc., etc.; convirtiendo a su vez todos y cada uno de estos íntimos e interiores miedos en mil formas distintas de conductas o expresiones exteriores tales como abuso, narcisismo, apatía, violencia, deshonra, arrogancia, autoritarismo, adicción, irracionalidad, culto a las apariencias, etc., etc., etc.

Así, el miedo, como única causa real, resulta en un sinfín de denominaciones distintas que nos confunden y obligan a percibir todo a través de sus interminables matices.

Y sí, como dije al comienzo, el miedo es poderoso, pero aunque esto suene amenazante, créame que es lo que menos debería preocuparnos porque por más grande e imbatible que parezca, si queremos derrotarlo es necesario tan solo un minúsculo parpadeo de amor, a diferencia de cualquier emoción negativa que para alimentarla se requiere de mucho esfuerzo y una importante dosis de energía.

Ahora que sabe que toda emoción de angustia o de “no amor” tiene su génesis en el miedo, pregúntese cada vez que la sienta, por muy pequeñita que sea, ¿qué la originó?, ¿cuál es la causa de ese miedo?, ¿a qué le teme con esos arranques de irracionalidad que suele tener? Esfuércese por ver únicamente en su interior la respuesta y no en endosársela a terceros. A lo mejor cuesta, pero una vez identificado el verdadero origen del miedo, habrá despejado -y no exagero- el camino a su paz interior. (O)

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