Una elección de vida o muerte

Comienza la cuenta regresiva. Estamos exactamente a trece días de lo que será posiblemente la decisión democrática más importante y trascendente de la historia contemporánea del Ecuador. El pueblo decidirá en las urnas este domingo 13 de abril entre la patria o la mafia.
Y sí, es importante y es trascendente no solo por lo que implica semejante decisión, lo cual ya es decir bastante, sino porque además nunca antes el país ha sentido el vértigo de balancearse con tanta inestabilidad sobre una débil y delgada cuerda eleccionaria donde un descuido haría que pierda el equilibrio y caiga de bruces a un narcoestado o bien se agarre firmemente a la baranda de la sensatez, recobre la cordura y continúe viviendo en democracia, pero lo es, sobre todo, porque nunca antes hemos requerido con dramática desesperación un líder que salve a todo un pueblo de las garras de la narcopolítica. Por eso estas elecciones son -literalmente- «de vida o muerte” para el futuro del Ecuador.
Y no hay opción. Quienes nos la jugamos por la paz no votaremos por la sola afinidad particular hacia un candidato, sino que por dignidad, amor a nuestra descendencia y respeto propios, sea quien sea aquel que represente el lado opuesto a la mafia política sería, sin dudarlo, el candidato indicado. Y si ese candidato, en calidad de presidente, ya ha demostrado con aplomo tener las agallas para acabar con el crimen en todas sus formas, pues con mayor razón habrá que apoyarlo.
No obstante, a pesar de que eso sería lo más justo, racional y obvio, lamentablemente no todos piensan así, inexplicablemente muchos aún creen que una organización política liderada por un prófugo de la justicia (con decenas de delitos procesados y por procesar en su contra) y vinculada inequívocamente al crimen organizado debería ser quien conduzca los destinos de la nación. Sus razones tendrán, porque estas que acabo de mencionar definitivamente no lo son. O espero no lo sean.
Este es el triste escenario. Lo que en circunstancias de coherencia y sana lógica debiera ser una elección sin ninguna presión ni angustia, la tiene y mucha a causa de un ciego antagonismo que impide ver la más básica de las evidencias: el espejo de países hermanos caídos en desgracia administrados por esos mismos gobiernos narco políticos del Socialismo del Siglo XXI.
Así que no diré más, solo que lo que para millones de ecuatorianos es indiscutible, claro y cristalino como que usted ahora mismo está leyendo estas líneas de izquierda a derecha, para otros, lo estará haciendo en sentido contrario. Y frente a eso, amigo mío, simplemente es imposible discutir.
Entre la vida y la muerte, que Dios disponga la vida. (O)